Como podemos apreciar
en el gráfico, las mujeres han ido incorporando poco a poco al mercado laboral
y ficticiamente abandonado el doméstico, pero sólo en la teoría no en la
realidad del día a día, donde aun las mujeres siguen desempeñando en un elevado
número las labores domésticas.
La incorporación de la mujer el mercado laboral debería en
la práctica haber producido una refamiliarización de los cuidados, situación la
cual todavía no se ha producido y las cargas familiares de reproducción siguen
siendo hasta el momento una labor cuasi exclusivamente feminizada.
Esta es una de las realidades más importantes
que presenta la sociedad de nuestro siglo, que no es otra que la incorporación
de la mujer al mercado laboral y el impacto que está produciendo en la
institución familiar, que es la base de la sociedad que conocemos.
También discrepan las
vertientes de la conciliación (el marco normativo y la realidad empresarial),
que se deberían desarrollar para lograr un entramado social sólido, sobre el cual
las personas puedan decidir libremente sus opciones de vida.
Según la Real
Academia Española, conciliar es: “Componer y ajustar los ánimos de los que
estaban opuestos entre sí. Conformar dos o más proposiciones o doctrinas al
parecer contrarias”. La vida laboral y familiar, son dos proposiciones que como
vemos en la realidad, pueden llegar a plantear proposiciones contrarias.
Mujer
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Hombre
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Aún es la encargada de los cuidados de
menores, enfermos y mayores
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Dedicación de una tercera parte de
tiempo a las labores domésticas ellas + de 3 horas, ellos-1 hora
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Doble jornada laboral, dentro y fuera
del hogar
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La doble jornada es fuera del hogar y
amigos y/o copas y actividades deportivas
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Menor egoísmo, primero la familia,
después ellas
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Mayor egoísmo, primero él, después ella
y la familia
|
Hace tan sólo treinta
años, no se había manifestado con tanta claridad este conflicto por lo que no parecía
necesario buscar con tanto empeño esta conciliación. La unidad familiar estaba
compuesta por: el padre, que realizaba un trabajo remunerado fuera del hogar
para obtener los recursos económicos necesarios; la madre, que se dedicaba a la
atención del hogar y de los miembros de la familia: educación y cuidado de
hijos, atención a los mayores, dedicación al marido. En este marco, siempre que
la situación económica lo hiciera posible, las tareas estaban repartidas al
dedicarse cada uno a una función sin que se produjera ningún conflicto.
En 1.980, no existía
el conflicto, la mujer en casa, por lo que no había que buscar una
conciliación.
En 1.998, paridad entre el números de mujeres en situación
laboral activa y las que se declaraban como amas de casa.
En 2.005, metamorfosis de la situación, donde se produce la
mayor inflexión de la mujer como fuerza laboral activa.
En 2.008, retroceso de la actividad laboral femenina, por la
crisis económica y el posible "desencantamiento" de la mujer, ante la
posibilidad de encontrar un empleo. La tardía incorporación de mujeres jóvenes
(16-19 años) como personas activas laboralmente y la recapitulación de las
mujeres con baja cualificación (30-40 años), que buscan abandonar la doble
jornada laboral (dentro-fuera).
La evolución social
ha propiciado, de manera acelerada, una re-estructuración de los “roles” de familia
tradicional, lo que supone asumir unos cambios importantes en la actitud y
en el comportamiento de sus componentes. La mujer no puede seguir
desempeñando las mismas funciones que venía realizando y además,
trabajar fuera del hogar. Se hace necesario, por un lado, un nuevo
reparto de las funciones y responsabilidades familiares entre los cónyuges, y
por otro, la concienciación de la sociedad en general y el apoyo, desde
las instituciones y de las empresas, en particular, para que se pueda
conciliar ambas facetas.
Al mismo tiempo, se
está produciendo un aumento del número de familias y a la vez, una reducción
de su tamaño, debido principalmente:
· al incremento de la esperanza de vida,
· al incremento del número de divorcios, que casi
desdobla el número de esas familias
(aumentan las familias monoparentales, en las que sólo
existe uno de los progenitores, ya sea el padre o la madre);
· al número de hogares con dos miembros trabajando, que se
incrementa de manera
· a las bajas tasas de fertilidad;
· a la disminución del número de matrimonios (se
producen más uniones extramaritales).
Estos hechos se están presentando cada vez con más fuerza y
afectan de manera directa a la institución familiar, en gran medida, debido a la
creciente participación de la mujer en el mercado laboral. Los
cónyuges deben asumir y conciliar la dedicación de ambos a un trabajo profesional
remunerado fuera del hogar, con la atención de los deberes familiares, por lo
que resulta obvio que se puede presentar un conflicto entre ambos, que si no se
resuelve bien, afecta de manera importante al desarrollo de la vida familiar.
La vida familiar se
complica con la incorporación de la mujer al trabajo, por la sencilla razón de
que tanto el hombre como la mujer se ven obligados diariamente a dedicar más
tiempo al trabajo que a la familia (con un horario normal de ocho horas) de tal
forma que el cansancio y en ocasiones el estrés acumulado de la jornada
laboral, estalla en el ámbito donde más cómodos nos encontramos: en la familia.
La cara de la
incorporación de la mujer al mercado de trabajo es, como también se comprueba
en los resultados de nuestra encuesta, que permite a las mujeres que libremente
escogen ese camino, un equilibrio psicológico y económico. La cruz de la moneda
es que puede producir un desequilibrio en su realización familiar y como mujer.
La realidad es que esa mayor independencia, por un lado, y ese desequilibrio,
por otro, puede estar favoreciendo, entre otros factores, un incremento en las rupturas
matrimoniales.
Todo ello va unido a un tratamiento de la mujer como madre
por parte de los gobiernos, que se podría calificar de existencialista y que
separa a las mujeres de que sean tratadas como un fin en ellas mismas. El
riesgo que se puede traducir es que se vuelva a "cosificar" a la
mujer, debido a que la vulneración de los derechos de las mujeres, como señala
Lina Gálvez Muñoz[1] (2.012) "es el sustrato
donde se construye la inferioridad de las mujeres y en el que encuentra el
terreno abonado la violencia machista" (Temas para el debate: pg. 44).
Pero con las crisis
económicas vuelven los discursos que intentan "volver a la mujer a los
confines del hogar (cárcel en ocasiones). En esta crisis sólo tímidamente se ha
oído que sí la mujer estuviese en "su" casa habría menos paro; pero
en las anteriores llegó a ser una voz alta y clara por parte de partidos
conservadores y sindicatos. Las promulgaciones del actual gobierno, lo están
haciendo de forma vedada, variando la ley del aborto, así como una flexibilidad
del empleo que hacen que la mujer sea aun más vulnerable a la situación
Como definió Josefina Bueno Alonso[2]
en el diario información de Alicante el día 24/3/2.013 en el artículo titulado
Pourquoi? ¿Por qué?. "Por lo tanto el problema persiste en que existen
puntos de intersección entre el capitalismo y el patriarcado, pero centrarse en
eso provoca que las únicas injusticias contra las mujeres sean las derivadas de
la asociación entre capitalismo y patriarcado, y esta percepción suele ser
distorsionada".
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