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sábado, 4 de mayo de 2013

Mujer y actividad laboral


Como podemos apreciar en el gráfico, las mujeres han ido incorporando poco a poco al mercado laboral y ficticiamente abandonado el doméstico, pero sólo en la teoría no en la realidad del día a día, donde aun las mujeres siguen desempeñando en un elevado número las labores domésticas.
La incorporación de la mujer el mercado laboral debería en la práctica haber producido una refamiliarización de los cuidados, situación la cual todavía no se ha producido y las cargas familiares de reproducción siguen siendo hasta el momento una labor cuasi exclusivamente feminizada.
  Esta es una de las realidades más importantes que presenta la sociedad de nuestro siglo, que no es otra que la incorporación de la mujer al mercado laboral y el impacto que está produciendo en la institución familiar, que es la base de la sociedad que conocemos.
 También discrepan las vertientes de la conciliación (el marco normativo y la realidad empresarial), que se deberían desarrollar para lograr un entramado social sólido, sobre el cual las personas puedan decidir libremente sus opciones de vida.
  Según la Real Academia Española, conciliar es: “Componer y ajustar los ánimos de los que estaban opuestos entre sí. Conformar dos o más proposiciones o doctrinas al parecer contrarias”. La vida laboral y familiar, son dos proposiciones que como vemos en la realidad, pueden llegar a plantear proposiciones contrarias.
Mujer
Hombre
Aún es la encargada de los cuidados de menores, enfermos y mayores
Dedicación de una tercera parte de tiempo a las labores domésticas ellas + de 3 horas, ellos-1 hora
Doble jornada laboral, dentro y fuera del hogar
La doble jornada es fuera del hogar y amigos y/o copas y actividades deportivas
Menor egoísmo, primero la familia, después ellas
Mayor egoísmo, primero él, después ella y la familia

  Hace tan sólo treinta años, no se había manifestado con tanta claridad este conflicto por lo que no parecía necesario buscar con tanto empeño esta conciliación. La unidad familiar estaba compuesta por: el padre, que realizaba un trabajo remunerado fuera del hogar para obtener los recursos económicos necesarios; la madre, que se dedicaba a la atención del hogar y de los miembros de la familia: educación y cuidado de hijos, atención a los mayores, dedicación al marido. En este marco, siempre que la situación económica lo hiciera posible, las tareas estaban repartidas al dedicarse cada uno a una función sin que se produjera ningún conflicto.
 En 1.980, no existía el conflicto, la mujer en casa, por lo que no había que buscar una conciliación.
En 1.998, paridad entre el números de mujeres en situación laboral activa y las que se declaraban como amas de casa.
En 2.005, metamorfosis de la situación, donde se produce la mayor inflexión de la mujer como fuerza laboral activa.
En 2.008, retroceso de la actividad laboral femenina, por la crisis económica y el posible "desencantamiento" de la mujer, ante la posibilidad de encontrar un empleo. La tardía incorporación de mujeres jóvenes (16-19 años) como personas activas laboralmente y la recapitulación de las mujeres con baja cualificación (30-40 años), que buscan abandonar la doble jornada laboral (dentro-fuera).

  La evolución social ha propiciado, de manera acelerada, una re-estructuración de los “roles” de familia tradicional, lo que supone asumir unos cambios importantes en la actitud y en el comportamiento de sus componentes. La mujer no puede seguir desempeñando las mismas funciones que venía realizando y además, trabajar fuera del hogar. Se hace necesario, por un lado, un nuevo reparto de las funciones y responsabilidades familiares entre los cónyuges, y por otro, la concienciación de la sociedad en general y el apoyo, desde las instituciones y de las empresas, en particular, para que se pueda conciliar ambas facetas.
  Al mismo tiempo, se está produciendo un aumento del número de familias y a la vez, una reducción de su tamaño, debido principalmente:
· al incremento de la esperanza de vida,
· al incremento del número de divorcios, que casi desdobla el número de esas familias
(aumentan las familias monoparentales, en las que sólo existe uno de los progenitores, ya sea el padre o la madre);
· al número de hogares con dos miembros trabajando, que se incrementa de manera
· a las bajas tasas de fertilidad;
· a la disminución del número de matrimonios (se producen más uniones extramaritales).
Estos hechos se están presentando cada vez con más fuerza y afectan de manera directa a la institución familiar, en gran medida, debido a la creciente participación de la mujer en el mercado laboral. Los cónyuges deben asumir y conciliar la dedicación de ambos a un trabajo profesional remunerado fuera del hogar, con la atención de los deberes familiares, por lo que resulta obvio que se puede presentar un conflicto entre ambos, que si no se resuelve bien, afecta de manera importante al desarrollo de la vida familiar.
  La vida familiar se complica con la incorporación de la mujer al trabajo, por la sencilla razón de que tanto el hombre como la mujer se ven obligados diariamente a dedicar más tiempo al trabajo que a la familia (con un horario normal de ocho horas) de tal forma que el cansancio y en ocasiones el estrés acumulado de la jornada laboral, estalla en el ámbito donde más cómodos nos encontramos: en la familia.
 La cara de la incorporación de la mujer al mercado de trabajo es, como también se comprueba en los resultados de nuestra encuesta, que permite a las mujeres que libremente escogen ese camino, un equilibrio psicológico y económico. La cruz de la moneda es que puede producir un desequilibrio en su realización familiar y como mujer. La realidad es que esa mayor independencia, por un lado, y ese desequilibrio, por otro, puede estar favoreciendo, entre otros factores, un incremento en las rupturas matrimoniales.
Todo ello va unido a un tratamiento de la mujer como madre por parte de los gobiernos, que se podría calificar de existencialista y que separa a las mujeres de que sean tratadas como un fin en ellas mismas. El riesgo que se puede traducir es que se vuelva a "cosificar" a la mujer, debido a que la vulneración de los derechos de las mujeres, como señala Lina Gálvez Muñoz[1] (2.012) "es el sustrato donde se construye la inferioridad de las mujeres y en el que encuentra el terreno abonado la violencia machista" (Temas para el debate: pg. 44).
 Pero con las crisis económicas vuelven los discursos que intentan "volver a la mujer a los confines del hogar (cárcel en ocasiones). En esta crisis sólo tímidamente se ha oído que sí la mujer estuviese en "su" casa habría menos paro; pero en las anteriores llegó a ser una voz alta y clara por parte de partidos conservadores y sindicatos. Las promulgaciones del actual gobierno, lo están haciendo de forma vedada, variando la ley del aborto, así como una flexibilidad del empleo que hacen que la mujer sea aun más vulnerable a la situación
Como definió Josefina Bueno Alonso[2] en el diario información de Alicante el día 24/3/2.013 en el artículo titulado Pourquoi? ¿Por qué?. "Por lo tanto el problema persiste en que existen puntos de intersección entre el capitalismo y el patriarcado, pero centrarse en eso provoca que las únicas injusticias contra las mujeres sean las derivadas de la asociación entre capitalismo y patriarcado, y esta percepción suele ser distorsionada".



[1] Catedrática de Historia e Instituciones Universidad Pablo de Olavide
[2] Profesora titular de Filología Francesa de la Universidad de Alicante

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